En el año 325 d.C., durante el Concilio de Nicea, se definieron muchos de los dogmas que hoy conforman el cristianismo tradicional. Textos en arameo que hablaban de una conexión directa con lo divino fueron descartados o considerados peligrosos, ya que eliminaban la necesidad de mediación religiosa.
Siglos más tarde, en el Concilio de Constantinopla, se reforzó esta decisión, declarando heréticos muchos de estos conocimientos antiguos.
El arameo: más que un idioma
Jesús hablaba arameo, una lengua semítica cargada de simbolismo y profundidad. Para los antiguos maestros, el arameo no era solo un medio de comunicación, sino un idioma vibracional, donde cada sonido tenía un efecto concreto en la conciencia humana.
Un ejemplo conocido es cuando Jesús pronuncia “
“Talita kum”, una expresión aramea asociada a la vida y al despertar. No era una frase casual, sino una declaración con intención y fuerza espiritual.
Las siete palabras y su significado profundo
Estas siete palabras no funcionan como una oración tradicional. Son una secuencia consciente, donde cada una cumple una función específica:
-
Abwun – No significa “padre”, sino fuente creadora que respira vida. Invoca el origen de todo.
-
D’bashmaya – Indica el punto donde cielo y tierra se unen, recordando que lo divino no está lejos, sino presente.