Con una sonrisa, le pidió que interpretara la canción, confesando que era una de sus favoritas. Ese gesto espontáneo rompió cualquier formalidad y permitió que el encuentro se volviera más cercano y auténtico.
Admiración mutua antes de conocerse
Curiosamente, ambos ya sentían respeto y admiración el uno por el otro antes de verse en persona.
La princesa Diana era una gran aficionada a la música pop. Según varias fuentes cercanas, escuchaba con frecuencia álbumes icónicos como Thriller y Bad, que habían convertido a Michael Jackson en un fenómeno mundial.
Por su parte, Michael veía en Diana una figura que trascendía la realeza tradicional.
La admiraba por su elegancia, su capacidad de conectar con la gente común y su sensibilidad frente a los problemas sociales. Para él, Diana representaba una combinación única de humanidad y dignidad pública.